lunes, agosto 14, 2006

Leyendo: La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger

Hace mucho que no escribo, y muchísimo más, sobre los libros que leo. Sin embargo, en cuanto he terminado de leer éste, me he sentido obligado a postear.

La verdad es que me fijé en el por el título cuando curioseaba en la FNAC. Ya sabéis que tengo una verdadera obsesión con el tema del viaje en el tiempo, y en cuanto leí el resumen me lo llevé a la caja a pagarlo. Trata de la historia de Henry y Clare, contada en primera persona, alternativamente por ambos, en la cual él tiene una peculiaridad genética que le obliga a viajar adelante y atrás en el tiempo sin ningún control por su parte, mientras ella le espera pacientemente a que vuelva. Lo compré, junto a otro par de libros (de la trilogía de "la guía del autoestopista...") y lo tenía pendiente para cuando tuviera un ratillo, porque era algo voluminoso.

El caso es que empecé a leerlo anoche, después de cenar, y me lo he acabado esta tarde. Me enganchó como hace tiempo que no me engancha un libro, y no podía dejar de leerlo. Y lo que en un principio pensé que era una historia de ciencia ficción, comprobé al final que no es más que una historia de amor romántico. Pero qué historia. Creo que voy a tener que reconsiderar mi opinión sobre el género de novela rosa, al que en realidad nunca he considerado ni siquiera un género literario. Bueno, de acuerdo, en realidad no se trata estrictamente de novela rosa, sino una mezcla de ciencia ficción y novela de amor, algo de mucha más calidad literaria, pero como digo, voy a considerar de nuevo el género.

Ya durante ciertas partes del libro me aparecía un nudo en la garganta, pero fue el final el que me provocó las lágrimas. Y no sólo lágrimas: un llanto incontrolado durante casi 20 minutos. Joder, sólo he llorado así cuando vi Cyrano de Bergerac, y eso que me pilló en un bajón. Aparte de los momento trágicos de mi vida (cuando murió mi padre o M, o cuando lo dejé por primera vez con M, o cuando tenía una depresión de caballo), en los que he llorado a moco tendido, es raro que me afecte de esa forma un libro. Yo suelo ser bastante emotivo con lo ajeno, se me saltaron las lágrimas con Titanic, se me hacen nudos en la garganta bastante a menudo en el cine, e incluso se me han saltado las lágrimas con algún anuncio de la TV. Pero lo de llorar, llorar, lo que se dice llorar, durante 20 minutos, por un libro... no sé, no me suele dar tan fuerte. Y eso que no estoy en un momento bajo, al contrario: estoy saliendo con E de nuevo y estoy bastante feliz.

El caso es que lo recomiendo efusivamente. Y por cierto, para el que considere que mi opinión no es suficiente, comento que el libro ha sido un Best Seller en EEUU, y supongo que también en España lo será.

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Anonymous kamala opinó a las 15/8/06 02:20...  

Hola, ¿qué tal? Hace un montón que no entro a comentarte, pero los tengo pendientes, no creas.

Me resulta curioso ver este título. También es de los que me atraen, por eso un día lo cogí de la biblioteca. No sé por qué no me terminó de enganchar. Leí poco, creo que estaba de exámenes y lo dejé para otro momento, pero tras leerte, iré de nuevo a por él.

Chavalito, ahora te recomiendo "Mi planta de naranja lima" de José Mauro de Vasconcelos. Ahí fui yo quien se tiró 20 minutos llorando, y eso que era la segunda vez que lo leía!!

Por último, me alegro de que hayas vuelto con E.

Un beso.

Blogger Deckard opinó a las 15/8/06 05:19...  

Bueno, supongo que puede resultar un poco molesto de leer para la gente que no le entusiasme lo del tiempo, todo el rato cambiando de fecha alante y atrás... Pero a mí personalmente me ha gustado bastante.

Y mira, voy a seguir tu recomendación, porque ahora me he quedado sin libros y no sabía qué comprarme. Muchas gracias.

Anonymous kamala opinó a las 18/8/06 14:19...  

Supongo que no hace falta que diga que me gustaría que me dieras tu opinión si al final lo lees. Ahora me marcho yo a la biblio, que me acabo de acordar.

Un beso. ¡Y escribe más!, hay que ver lo perezoso que eres con lo que me gusta leerte...

Blogger La Dama Blanca opinó a las 19/8/06 07:31...  

me alegro por lo de E :).

El libro no lo conocia, lo tendré en cuenta y un dia de estos,(cuando me lea todos los que tengo por leer)me lo consigo.

un beso

Blogger Angel y Demonio opinó a las 25/8/06 03:19...  

Yo no tiempo ni ganas para libros, pero si para mantenerme al tanto de mis blogs... saludos!

Anonymous kamala opinó a las 30/9/06 15:49...  

Jo, no escribes nada... Mucho tiempo sin saber de ti, ¿eh?

Un beso.

Blogger Deckard opinó a las 30/9/06 18:03...  

Sí kamala, me temo que mi blog ha entrado en la misma dinámica de muchos blogs: mucho al principio, muy poco al final. No sé, ya no encuentro cosas que merezcan la pena ser escritas. Quizás más adelante..

Besos

 

 

 

miércoles, agosto 02, 2006

El poder de la obediencia

El otro día estaba jugando al Oblivion, un juego RPG de ordenador en el que distintos grupos o facciones (magos, luchadores, caballeros,...) te van asignando misiones, que al ser cumplidas te reportan dinero y fama. Cuanta más fama consigas, mejor opinión tienen de tí el resto de personajes. Pero, al igual que la fama, también se puede conseguir infamia, sin ser conceptos excluyentes: puedes salvar una ciudad de las garras de cientos de seres diabólicos, reportándote mucha fama, y después puedes matar por un poco de dinero a un ancianito inerme, lo que te reporta mucha infamia.

Durante todo este tiempo, y como casi siempre que juego a estas cosas, trataba de mantener a mi personaje casto y puro, subiendo la fama cuanto podía pero manteniendo a raya la infamia. En concreto, trataba de evitar la facción de los asesinos, en la que sólo puedes entrar tras matar a alguien, o la de los ladrones, en la que no puedes entrar si no te pillan robando. A pesar de ser misiones tan válidas como el resto, me resistía a entrar en ese juego... hasta que en una de las misiones normales me obligaron a matar a un personaje. Me dijeron: "ve y mata a tal persona". Y yo fui y lo maté.

En ese momento me acordé de algo que había leído hacía poco en la wikipedia: el experimento de Milgram. El experimento ponía a prueba la buena voluntad de las personas cuando alguien le mandaba hacer algo que iba contra sus principios. No voy a entrar en detalles sobre el experimento (en la wikipedia está mucho más completo), pero básicamente consistía en que los sujetos, bajo el mando de un "maestro", castigaban mediante descargas eléctricas cada vez mayores a un "alumno", casi hasta la muerte (o al menos eso pensaban ellos). Antes del experimento, los psicólogos pronosticaban que sólo los más sádicos o con algún problema psicológico llegarían a la descarga de mayor potencia, casi mortal. Sin embargo, los resultados fueron espeluznantes: entre un 61% y un 66% llegaban a administrar descargas notables ante la presión del maestro ("¡Continúe, por favor!").

El experimento se pensó a raíz del jucio contra Adolf Eichmann por crímenes contra la humanidad en la II Guerra Mundial, en el que dijo:
No perseguí a los judíos con avidez ni con placer. Fue el gobierno quien lo hizo. La persecución, por otra parte, sólo podía decidirla un gobierno, pero en ningún caso yo. Acuso a los gobernantes de haber abusado de mi obediencia. En aquella época era exigida la obediencia, tal como lo fue más tarde de los subalternos.
Stanley Milgram, en el artículo sobre el experimento, escribió:
Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.
Muchas veces he pensado cómo un país entero pudo llegar a los extremos que se llegó durante la II G.M., o cómo un soldado puede llegar a hacer las cosas que le ordenan sus superiores, por muy repulsivas que sean. Pero lo que nunca podría haber imaginado es el poder que tiene la obediencia a la autoridad sobre nuestros propios principios.

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Anonymous kamala opinó a las 17/8/06 10:25...  

Este post me encantó. Es totalmente cierto, nunca lo había pensado.

Un beso.

Blogger Deckard opinó a las 17/8/06 15:19...  

Me impactó mucho cuando leí sobre el experimento, pero me impactó aún más cuando vi que yo mismo actuaba de la misma forma.

Blogger La Dama Blanca opinó a las 19/8/06 07:25...  

si que es cierto.....supongo que de ahi viene eso de "donde manda patrón, no manda marinero".

un beso